
Son fuegos artificiales, hacen que mi pulso se acelere, que quiera caminar mas rápido, que mis ojos se humedezcan, que mi sangre se ennegrezca. No temo tener que saludar a nadie, pero temo mirar a los costados y perder algo, temo que al irme de aquí mi vida valga incluso menos que ahora. Son ruidos que van y vienen, son brisas que me sacan del coma. Son las calles de Santiago.
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