
No puede creer lo tonto que fue al dejar que esa droga sin sentimientos le quitara su talento para después arrendarselo a cambio de miradas irracionales y flores.
Aquella vez nunca pensó que por vender un barquillo le arrebatarían lo único en la vida para lo que no requería autotorturarse y acortar en segundos su esperanza de vida, de real vida.
Pueden ser años, días, segundos de felicidad, pero la felicidad nunca dejó de ser pasajera, como un aroma, como una lluvia, como caída o simplemente nuestras vidas.
Pasará un tiempo indeterminado para que los dedos se deslicen adecuadamente por las cuerdas sin intermediarios para moverlos, solo queda esperar, por ahora el terminal se conforma con melodías llenas de incomprensión.
Vacíos reemplazan a otros vacíos, pronto el guitarrista tocará canciones donde demuestre inteligencia y no autocompación.
