jueves, 29 de abril de 2010

Un Guitarrista II


Ahora se dedica a vender helados en el paradero de micros, ¡helados!, ¡a gamba y a cien!, la gente que anda cagá de calor le compra, pero como ahora estamos en invierno no vende mucho, así que esta pensando en cambiarse de rubro y sacar la plata que ahorró de sus tocatas pa invertirla en un carrito de sopaipas, igual no es barata la gracia, tiene que sacar hasta la ultima chaucha de abajo e’ su colchón, pero falta arto pa eso, por que no es llegar e instalarse a vender, nopo, tiene que conseguir el permiso.

Como nadie le compra en invierno a veces le pide la guitarra a estos artistas ambulantes pa no aburrirse, ahí se pone a guitarrear con ellos y junta sus buenas lucas, incluso mas que con sus centellas. Una vez estábamos con dos amigos esperando la 501 pa ir a Placeres y lo escuchamos, en ese ambiente tan heterogéneo que es un paradero, este loco es capas de provocar que cada uno de nosotros inconscientemente se de vuelta a mirarlo, cuando ya despabilé de la impresión seguí conversando, pero como hipnotizado, como si no fuese capaz de escupir la mínima palabra sin esa música de fondo, mis amigos estaban en las mismas, presentes pero ausentes, la conversación es parte de la canción, la cantábamos nerviosos, si parábamos la cagábamos, el clímax de la interpretación se dio cuando comenzamos a hablar con desconocidos, con el primer pelafustán que se nos cruzaba, hablé de la vida con un Daddy Yankee, con un oficinista estresado, con un travesti, con un nortino y con un pascuense metalero, todos hablando por hablar, todos comprometidos con la canción.

Ya estaba medio oscuro así que devolvió la guitarra y se subió a la 501 apenas, no entraba nadie mas, yo me quede abajo por que el guitarrista me ganó el puesto, como cachamos que a esa hora íbamos a ir muy incómodos en la cromi tomamos un coleto y nos fuimos pa la casa.

El guitarrista vendedor de helados a esa altura ya había llegado a su hogar, le dolía el hombro por cargar los helados tantas cuadras, así que se tiró en la cama a dormir y no supo de nada hasta el día siguiente. Se levantó a los cabezazos, se lavo la cara y tomó desayuno, no trabaja en la mañana así que se ve los programas faranduleros con el asco mental que eso le causa. También escribe algunas canciones, pero no puede tocar por que ya no tiene guitarra, su único momento para la música es cuando pide una a los músicos callejeros. Sale con las mismas ganas, ropa y caracho a hacer su pega.

Ahora se dedica a vender helados en el paradero de micros, ¡helados!, ¡a gamba y a cien!…


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